Hace 61 años, el espíritu libertario de Jesús Enrique Lossada abogaba por las lumbres abiertas a todas las corrientes ideológicas. Concedió a la región la garantía de la universalidad del conocimiento en contra del dogmatismo de la imposición y la ignorancia.
Al frente de grupos de alumnos ávidos por aprender, el inmortal Lossada impartió las cátedras de Historia de la Filosofía del Derecho, mientras al mismo tiempo estaba ocupado en la redacción de documentos y en las gestiones por la reapertura de la Universidad del Zulia.
Además, apartó sosegados momentos para crear la que sería su pintura más reproducida e infaltable durante sesenta y un años consecutivos: la ventana hacia la luz, nuestro perenne escudo, ése que se refleja cotidianamente en libros, avisos, correspondencia, diplomas, anillos de grado y pantallas de computadoras- permite el paso de la benigna y necesaria claridad.
Después de tantos años de la oscuridad impuesta por la clausura decretada por el dictador Cipriano Castro, el eterno Lossada nos dio como escudo esa entrada del sol. La claridad que hoy, como siempre, todos los ciudadanos hemos de cuidar con sagacidad, aplomo y ciudadanía.