Por la misma puerta
Creo que fue el optimismo de una fuerza superior lo que propició la evolución de la extraña combinación que somos: una bestia y un Dios unidos en un solo ser. Los humanos somos primates capaces de defraudar, devastar y matar, pero también de ser imagen y semejanza de un Dios cuando creamos, curamos, construimos, enseñamos, reímos, bailamos, volamos y amamos. Sólo al hacerlo, al reconciliarnos con nuestra porción divina, la humanidad tiene algún sentido, alguna esperanza.
Entre las experiencias de toda naturaleza que me han tocado vivir durante este intenso tránsito como autoridad rectoral de LUZ, una que me ha cautivado hasta los huesos, de tanto derroche de humanidad, ha sido conocer de cerca el gigantesco esfuerzo que desde nuestra Universidad se viene haciendo por brindarles verdaderas oportunidades de inclusión a las personas con discapacidad.
El Ministerio de Educación Superior (MES) escogió a LUZ para celebrar la semana pasada un evento sin precedentes por el derecho de quienes teniendo dificultades o limitaciones, físicas o intelectuales, merecen una educación superior eficiente y de calidad. La deferencia enorgullece.
La nuestra, no es sólo la primera universidad en instaurar una comisión institucional dedicada a crear políticas para la integración de personas con discapacidad en el país, sino que ha marcado pauta en diversas iniciativas académicas y jurídicas. Y seguimos aprendiendo.
“Todos caben por la misma puerta”, nos ha enseñado Dinah Bromberg, profesora nuestra y ejemplo de ese liderazgo proactivo y humano. Con ella coincidimos en que las minorías no existen. No hablamos de instalaciones para personas con discapacidad, hablamos de instalaciones para todos. Y con ello mayores posibilidades para la integración, para la participación, sin distingos, sin discriminación.
Todos somos potencialmente vulnerables ante la discapacidad. Un estudiante obeso, una mujer embarazada, un profesor en muletas, un empleado envejecido, también están en situación de discapacidad. ¿A cuántos de ellos hemos visto padecer en nuestros recintos por falta de accesibilidad?
Estamos dispuestos a cambiar los “gestos de accesibilidad” que acaso existen, por acciones contundentes. Aprovecharemos al máximo los recursos que el MES está dispuesto a invertir en adecuar viejas infraestructuras. Nuestra gente con discapacidad, estudiantes, empleados y profesores universitarios, no seguirán en un contexto que los excluye y enajena de espacios y procesos.
Un sordo es un hombre que no puede escuchar, pero cómo ve la realidad; un ciego, un hombre que no puede ver y que sin embargo percibe el más mínimo aliento de los otros; un mudo no necesita hablar con palabras, él arma un discurso sólo con la mirada. No se necesitan alas para volar, ni piernas para bailar, ni brazos para abrazar; la capacidad está en la voluntad. Esta semana los discapacitados, y las decenas de universitarios que desde hace tiempo trabajan por integrarlos a nuestros espacios y a la vida con dignidad, nos dieron una divina lección de humanidad.
Jorge Palencia
Vicerrector Administrativo de LUZ
05 de junio de 2006