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Santos y demonios

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Una vez más el ministro de Educación Superior arremete contra la universidad y los intereses de sus trabajadores. Luego de repetidos anuncios sobre el pago a buen tiempo del bono de fin de año para la administración pública nacional, la Universidad del Zulia ha recibido en retazos, hasta la fecha, sólo el 75% de los recursos que legítimamente le corresponden por este concepto.

No dan explicación, no hay argumentos o justificación de ningún tipo. Nuestros más de 11 mil obreros, empleados y docentes tendrán que recibir el pago fraccionado de este beneficio. Nos preguntamos entonces ¿qué hay detrás de decisiones como éstas? Si de cuentas claras se trata, ¿quién o quiénes se favorecen de los intereses devengados por la colocación de esos dineros, mientras no se entregan a los universitarios? A esto se une el secuestro de los 113 millardos de la homologación 2004-2005 que permanecerán centralizados en las arcas del ministerio en el 2007, cuando éstos son recursos que debieron incorporarse al presupuesto asignado a LUZ para el próximo año.

Con un país que nada en dinero, es obvio que esta nueva arbitrariedad no es un asunto de liquidez financiera. Esto es enfrascarse en un comportamiento hostil e incomprensible que sigue perturbando la relación fluida que debe existir entre gobierno y universidades. Una práctica perniciosa, dañina a los fines institucionales, y en este caso específico, contraria al cumplimiento de la contratación colectiva con el sector universitario.

Así se sostiene la posición antagónica de un ministro que retiene recursos de las universidades, violándoles su autonomía, pero que al mismo tiempo las declara autónomas cuando lavarse las manos resulta más cómodo o conveniente. Un ministro que desconfía, que nos acusa y lesiona, que denuncia pero no prueba y para quien aplicar medidas punitivas anárquicas ya es norma. Dispare primero y vea después.

Parece parte de todo un guión escrito contra las máximas casas del saber del país. “En el 2007, el gobierno revolucionario está decidido a recuperar las universidades”, aseguraba hace tres días el exministro de Educación Superior, Héctor Navarro, a la audiencia de Radio Nacional de Venezuela. Entre otros señalamientos y descalificaciones, insistía el portavoz oficial en el golpismo y las guarimbas que se supone promovemos. Me pregunto: ¿Qué es lo que en realidad molesta de las universidades autónomas nacionales?

Los que no están a mi lado, están en mi contra. Nada más sectario y maniqueo que eso. No todos los que odio son demonios, ni todos los que amo son santos. Aunque miembros de nuestras casas de estudio, en lo individual tengan una opinión o una inclinación político-ideológica, insistimos en que las universidades no son trincheras políticas, son instancias científicas.

En menos de dos años, LUZ celebrará unas megaelecciones. Qué mejor escenario para que todas las corrientes participen, para someter ante la comunidad sus respectivos proyectos de universidad, para construir juntos y corregir errores. ¿Jugar a la intervención, no es acaso una forma de conspirar? En la academia sobran las etiquetas. Ni revolucionarios, ni golpistas, el único adjetivo válido para los miembros de esta comunidad es el de UNIVERSITARIOS.

Jorge Palencia
Vicerrector Administrativo de LUZ
06 de noviembre de 2006

 
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