Made in Taiwán
Cuando la convención nos llevaba a buscar como bueno sólo lo fabricado en EE UU, veíamos con recelo un aparato si la etiqueta decía: “Made in Taiwán”. Ya no lo notamos. La calidad más o menos se sostuvo y nos acostumbramos.
El registro de patentes es un indicador relevante de crecimiento científico y desarrollo tecnológico. Por eso se persigue la protección intelectual que proveen dichas patentes, no sólo en el país de origen, sino al menos en otros dos escenarios: EE UU y Europa.
En lo que va este siglo, Taiwán ha registrado alrededor de seis mil patentes por año en EE UU, según cifras de la Dirección General de Presupuesto, Contabilidad y Estadísticas de ese país. ¿Cual es mi empeño con Taiwán? Ninguno. Mi empeño es con nosotros. En el mismo período, el promedio de Japón es de 35 mil patentes; Alemania, 10 mil. En el primer lugar vemos a EE UU, con 84.271 patentes. No es ésta la primera economía del mundo porque produce más bienes, sino porque produce más conocimiento. Venezuela registra en este lapso sólo 20 patentes. Las comparaciones siempre son odiosas, pero ilustran bellamente.
Las patentes asocian dos conceptos polémicos: ciencia-investigación y lucro-beneficio. Unos critican la investigación por la investigación, ciencia pura; otros descalifican la ciencia aplicada que se asume como lacaya de poderes económicos asociados al sector productivo, ciencia mercantilista. Pero está también la ciencia que atiende, fuera de toda ganancia material, los problemas de orden social.
En cuanto al lucro, se le puede ver en su acepción más simple, la metálica, pero también lo es el incremento de oportunidades de una población, o la consolidación de sus posibilidades de salud y desarrollo. Estas posiciones deben complementarse y equilibrarse. Verdad de perogrullo. Y tenemos estructuras administrativas que procuran esa concepción y la protegen.
El Consejo de Fomento de LUZ es una dirección dedicada desde hace 43 años a proteger nuestra producción intelectual, a procurar fuentes financieras a través de la comercialización de servicios generados por la institución y de las tecnologías creadas por nuestros investigadores. Dicho así, resulta poco creíble, sobre todo si lo medimos por los resultados tan limitados obtenidos hasta ahora. Fomento ha tenido grandes períodos grises, durante los cuales la misma institución, en un ejercicio de autofagia, ha reducido sus acciones o creado estructuras paralelas que han usurpado sus funciones con mínimo éxito. Estamos revirtiendo eso.
Hoy, con el profesor Egno Chávez al frente, el principal compromiso de esta dependencia es revitalizar los vínculos de LUZ con el sector productivo externo. Concebimos esta dirección como un verdadero centro de gestión de patentes, es decir, de custodia y transferencia del conocimiento a la sociedad, y vía para fortalecer nuestro liderazgo como proveedores de respuestas efectivas para resolver problemas del entorno. De otro modo pierde sentido hacer academia.
En esta etapa de su relanzamiento, cada acción intenta acercar el producto de la actividad científica de nuestra Universidad a la gente, elevar más aún su pertinencia social, y garantizar así una independencia y un desarrollo no sólo “hecho en Venezuela”, sino forjado en LUZ.
Jorge Palencia
Vicerrector Administrativo de LUZ
jpalencia@luz.edu.ve
07 de mayo 2007