Impagable
En la primera semana del año nuevo, el país político ha centrado su atención en dos asuntos: los 28 nombres del nuevo tren ministerial que dará inicio a la anunciada etapa de “estabilización” del proceso revolucionario y el cierre inminente de RCTV; para LUZ, los ojos estuvieron puestos en lo que sin duda ha sido el mayor desafuero que ha sufrido nuestra Universidad en las últimas décadas: la toma del Departamento de Transporte y posteriormente del Centro de Computación.
En seis largos y angustiosos meses nos tocó ver de todo. El apoyo material, moral y legal de profesores de la propia Universidad a los tomistas, la inercia de instancias legales y fuerzas del orden público, la indiferencia y descalificación del ministro hoy saliente de educación superior, el desatino de un alcalde desquiciado irrumpiendo a espaldas de las autoridades rectorales en las instalaciones cerradas de LUZ para apoyar en cadena televisiva a tomistas anarquizados, terroristas y violentos, disfrazados de “estudiantes”; y hasta la abierta divergencia y enfrentamiento verbal entre altos jefes militares del Zulia durante la ejecución de la medida cautelar finalmente emanada del Juzgado Superior Contencioso Administrativo, a favor de LUZ.
Mientras la Guardia Nacional (GN) concretaba el amparo constitucional, la institución, una vez más indefensa y vulnerable, vio con asombro, con jueces y fiscales de testigos, cómo la 11 Brigada de Infantería del Ejército, cuyas instalaciones colindan con las del Transporte de LUZ, se convertía en madriguera de los tomistas prófugos, en medio de dimes y diretes entre generales de ambas fuerzas.
Ya es historia conocida que estos violentos, guapos y apoyados como se dice en criollo, se permitieron desacatar aquella tarde prenavideña nada menos que la orden emanada de un juez, y que hace tres días anunciaron su retirada “voluntaria” del recinto. Sin pretender hacer leña del árbol caído –pues no creo que lo esté- los desmanes son del dominio público: destrozaron bienes, desvalijaron unidades y sustrajeron costosas herramientas; con el uso de la violencia y armas de fuego -que hasta el último minuto negaron tener- robaron vehículos, impidieron el acceso a otras áreas neurálgicas y atacaron e hirieron a profesores de LUZ. Lo material se recupera, ¿quién y cómo se pagan los daños morales? El terror, la angustia y el peregrinaje de trabajadores obligados a andar errantes para cumplir sus obligaciones laborales, el calvario acentuado de estudiantes que no pudieron usar el transporte durante meses, el tiempo perdido en el avance de obras de infraestructura y proyectos informáticos vitales para el funcionamiento de la Universidad y su administración, la zozobra, serán por siempre un saldo rojo. Son daños impagables.
Claro que nos sentimos aliviados y hasta contentos. ¿Hay acaso mejor manera de empezar el año? Ministro nuevo y transporte recuperado. En la vida hay que ser agradecido, dicen, pero no estamos satisfechos. En lo personal, el aprendizaje a partir de este capítulo oscuro en la vida de LUZ, es incalculable, y como autoridad me siento obligado a hacer la necesaria lectura reflexiva y autocrítica de lo que nos ha pasado. La Universidad, en medio de su indefensión, tiene mucho que revisar. Por lo demás, el trabajo apenas comienza.
Jorge Palencia
Vicerrector Administrativo de LUZ
08 de enero de 2007