Rector
Hace poco más de tres años, contra absolutamente todo pronóstico, la comunidad universitaria me confió las riendas del Vicerrectorado Administrativo de LUZ. En plena euforia por el resultado electoral, sin falsa modestia, sin hipocresías, dije que no había ganadores. Se gana o se pierde al final de una gestión.
El pasado domingo 7 de octubre, desde las páginas del diario La Verdad , expresé públicamente mi aspiración a ser rector. Como aval, entregué en ese manifiesto de voluntad el bien más preciado que tengo y cultivo: mi palabra. Sin embargo, no pedí un acto de fe o un cheque en blanco. Al solicitar el voto de confianza de los universitarios, les pedí evaluar los tres años de gestión que llevo siendo autoridad.
Sin empachos lo digo: ha sido un período de gerencia transparente, efectiva y centrada en atender, beneficiar y servir a la gente. Al personal docente, administrativo y obrero que hace posible el cumplimiento de nuestra misión, al estudiante que nos confía su formación, al entorno que espera el producto de nuestro trabajo intelectual y científico. Pero no es suficiente. Cercados por nuestras limitadas competencias y atribuciones actuales, mucho se ha quedado en el camino.
Por eso quiero ser rector. Este batallar universitario me ha bastado para comprender las infinitas posibilidades que desde esa posición permiten impulsar el estremecimiento que requiere nuestro funcionamiento y estructuras. Es precisamente en ese sentido que deseo ampliar mi contribución.
Se me ha criticado siempre por irreverente y autocrítico. Creo que alabadores nos sobran. Sin desconocer jamás el invaluable aporte que ha hecho nuestra institución a la región y al país –y mucho menos el avance obvio logrado por el actual equipo rectoral–, los problemas, carencias y desafíos que tenemos por delante lucen casi abrumadores. Nadie como nosotros necesita mirarse a lo interno en los días que vivimos local y globalmente.
Cercados por nuestras limitadas competencias y atribuciones actuales, mucho se ha quedado en el camino. Por eso quiero ser rector
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Hoy enfrentamos enormes y reales amenazas. La mejor defensa que podemos hacer de la academia y su autonomía es atender esa realidad con nuevas ideas, capacidad de trabajo, productividad, eficiencia, honestidad y, sobre todo, asumiendo como principio el ejercicio pleno de la autoridad. No hay tiempo para las quimeras y utopías universitarias o para hacer promesas de cambios profundos, “ineludibles e impostergables”, en programas de gobierno que pocos leen y que terminan arrumados en una gaveta como letra muerta.
Nuestra propuesta de gobierno, lejos de ser un mero ejercicio discursivo, se prepara ya como una guía práctica para la acción, como un soporte de convocatoria para la participación, en la que, además, cada universitario se convierta en evaluador de nuestros actos de gerencia. Ello sólo será posible, claro está, a través del realce de la mística, el rescate de nuestra identidad, la apropiación de los espacios de reflexión, y la unión de las miles de voluntades que nos agrupan. Otra cosa sería más de la misma retórica hueca.
A los universitarios indiferentes, pesimistas o escépticos, anteponemos la demostración de que nuestra palabra se cumple. Nuestro compromiso se tradujo –y se seguirá traduciendo– en obras y acciones concretas, a la vista de todos. Por el bien de la universidad.
Jorge Palencia
Vicerrector Administrativo de LUZ
08 de octubre de 2007