Cacareando
En un salón de clases debe haber pupitres, punto. Y cuando entra la noche, esa misma aula, los pasillos y el camino por el que regresamos a casa deberían estar iluminados. En algunos aspectos las cosas han estado tan mal por tanto tiempo en LUZ, que nos cuesta contener la alharaca frente al más mínimo avance. Se entiende, pero no puedo evitar verle un lado triste al alboroto que hacemos entre nosotros frente a actos y situaciones que deberían ser trabajo cumplido, asunto resuelto y cotidiano.
Me avergonzaría vender como una hazaña lo que no es más que el cumplimiento mínimo de una obligación. Quiero creer que cuando una gallina pone, cacarea no porque espera que alguien vote por ella, sino por la promesa de futuro que acaba de concretar o para decir a su modo: ¡Epa! Aquí hay un huevo; cuidadito con pisarlo, con romperlo. Ésa es la actitud detrás de nuestro regocijo. Nos anima mucho además, sabiendo que es contagioso, mostrar con hechos que la voluntad y la planificación vencen la desidia y la improvisación.
Hoy, luego de décadas de oscuridad en sus pasillos, caminerías y vías internas, podemos ver nuevamente a la universidad iluminada. LUZ brilla hacia adentro para las 70 mil almas que en ella estudian, enseñan y trabajan. Derrotamos la sensación de abandono y la amenaza y el peligro real que se esconden en la oscuridad, en las tinieblas. Este hecho nos llena de orgullo, porque no es más que el reflejo, también brillante, del esfuerzo, la capacidad, el talento y la mística del equipo de nuestra Dirección de Infraestructura. Meses de intensas jornadas de trabajo, fines de semana y feriados incluidos, han permitido sustituir kilómetros de cable e instalar y reemplazar estructuras y cientos y cientos de lámparas y reflectores. Trabajo titánico en un recinto donde encontramos postes que no se sustituían desde hacía cincuenta años.
Para lograr esta luminosa obra, recibimos apoyo de la Gobernación del Zulia en el núcleo Humanístico y accesos y rutas de nuestro anillo vial. Del presupuesto universitario, invertimos más de 300 millones de bolívares, recursos de los que fue posible disponer gracias a la creatividad de nuestro equipo técnico-financiero, cuya planificación nos ha permitido seguir abordando las acciones más urgentes en infraestructura. Demostramos, una vez más, que es posible hacer las cosas si optimizamos los ingresos, haciendo productiva la inversión.
En todos los ámbitos de nuestras competencias, los pollos continúan saliendo del cascarón, se los puede contar, y seguirán naciendo; pero debemos cuidarlos. Iluminar nuestros espacios físicos es un logro que nos ayuda a proteger, fortalecer e iluminar también el alma de la academia para que, remozada y valorada, trascienda y brille aún más hacia afuera. El rescate de la infraestructura de LUZ es también el amparo de nuestra misión como universidad y otra manera de recuperar nuestro apego e identidad.
Jorge Palencia
Vicerrector Administrativo de LUZ
jpalencia@luz.edu.ve
09 de abril de 2007