Fuerza demoledora
El pasado lunes 04 de diciembre el país amaneció sobre los rieles del “Socialismo del Siglo XXI”. Tras ocho largos días de análisis, razonamientos, opiniones y demás interpretaciones que intentan explicarnos la realidad social y electoral venezolana, no tengo duda de que para el sector universitario se avecinan tiempos muy duros -por decir lo menos-. No en balde toda una artillería, desmedida, injustificada y de alta monta, ha estado disparándonos sin descanso el Ministerio de Educación Superior.
En cualquier escenario, para LUZ, la ruta ha sido y es una. Una muy clara. Este año, con la certificación del Ministerio de Ciencia y Tecnología, hemos roto estándares de producción científica y dejamos, como siempre, patente del cumplimiento de nuestra función social, tanto en la vinculación con el entorno, como en la atención a la matrícula estudiantil más numerosa del país. Sin importar los ataques, nuestra universidad seguirá empuñando ideas y soluciones. Seguiremos en el compromiso de fortalecer su compleja estructura: hacerla, cada día, más eficiente, productiva y creativa. Lo demás es accesorio, incluido el desgaste que causa estar en la mira, ser el blanco, quitarse de encima el estigma de la oveja descarriada o de esa especie de hija adolescente, rebelde e inconsecuente, que se resiste a entrar por el aro.
Nos desvela seguir articulando el esfuerzo de quienes se han dedicado a construir una universidad representativa, transparente, horizontal y coherente con sus principios. Los primeros pasos ya se han dado. Comenzamos dirigiendo nuestro esfuerzo a despertar la conciencia y la voluntad de los universitarios, su fuerza moral e intelectual (elevación del espíritu académico principalmente) y la fuerza material, enfocados en la racionalización, adquisición y protección de los bienes, y primordialmente de la infraestructura universitaria. No es éste un asunto menor.
He dicho siempre que en las universidades el capital intelectual es el más importante patrimonio. Sin embargo, esa propiedad no sería posible sin el resguardo del patrimonio humano y el patrimonio físico. Allí están concentradas las funciones del despacho administrativo: velar por que la inversión intelectual de los universitarios se refleje en su bienestar general. Y a su vez, asegurar las condiciones ambientales que requiere la actividad cultural, social y científica que generan las universidades. No encuentro mejor forma de definir el quehacer que en lo particular me toca dentro de este gigantesco engranaje que es la universidad. A ello nos hemos dedicado en cuerpo y alma, y por ese camino seguiremos.
Este año invocamos la participación. El objetivo ha sido contribuir a convertirnos todos en verdaderos protagonistas de los cambios, asumirnos como legítimos copropietarios de la universidad, de sus espacios, de lo que es nuestro ámbito común y cotidiano de trabajo. Lo peor que puede pasarnos, insisto, es pertenecer a una organización carcomida y debilitada por la parálisis de su propia gente.
En este momento nuestro exhorto se dirige a la acción, a activar nuestra capacidad colectiva de gestión y desarrollo, única forma de protegernos. La fuerza de los 70 mil seres que somos en LUZ debería ser demoledora.
Jorge Palencia
Vicerrector Administrativo de LUZ
11 de diciembre de 2006