¡20 puntos! Pero…
En los últimos días, representantes del ministerio de Educación Superior, entre ellos Antonio Castejón, respetado académico de nuestra Universidad y nuevo director de la Opsu, han asomado políticas que deben implementarse para elevar el rendimiento de los recursos que el Estado asigna a las universidades.
La meta sería, no sólo resolver deficiencias que nos aquejan a lo interno, sino atender tambien el déficit de ingreso estudiantil y mejorar la calidad académica. Tales estrategias, dice Castejón, deben discutirse y aplicarse en colaboración con las casas de estudio, respetando por sobre toda circunstancia la autonomía universitaria, principio del cual él -y el propio ministro Acuña- se han declarado militantes defensores. ¡20 puntos!
Ahora bien, estos manifiestos de buena voluntad no han logrado sosegar otras voces del gobierno que instan a “revisar” la autonomía universitaria, sin explicar cómo, por qué, en qué aspecto o para qué. No es tonteria: este vital concepto alcanzará su edad de oro el 5 de diciembre de 2008 con la celebración de los 50 años de la Restitución Plena de la Autonomía, previa conmemoración, este año, del 180 Aniversario de la promulgación de los Estatutos Republicanos Universitarios en el país, otra de las célebres obras revolucionarias de Bolívar.
Estas persistentes “sugerencias” de funcionarios públicos, aunadas al peligro latente derivado del polémico Decreto 3.444, han determinado que calificados voceros de la comunidad académica nacional, ya estén anunciado que éste y el siguiente serán los dos años de “la gran cruzada por la autonomía”. Tal cruzada, sin embargo, debe comenzar por llenar de contenido y espíritu ese principio, blindar la gobernabilidad universitaria y demostrar eficiencia en nuestras gestiones.
Apuestan las nuevas autoridades del sector a que nos vinculemos cada vez más con las políticas nacionales de desarrollo, meta que hemos perseguido siempre. Por eso, reconocemos proyectos como la Misión Ciencia, que prevé la apropiación masiva del conocimiento para atender las necesidades del entorno, y que nos recuerda nuestra obligación de garantizar la pertinencia social de nuestras labores de extensión e investigación.
Las universidades nunca se han negado a trabajar de la mano con los gobiernos que han sabido deslindar, de los propios, los verdaderos e incuestionables intereses del Estado. Hemos enfrentado, eso sí, a aquellos que buscan suprimir nuestro legítimo derecho a disentir. No es un enfrentamiento nuevo: son casi 200 años luchando contra todo aquél que ha intentado acallar la libertad de pensamiento, valor que sustenta nuestra labor académica.
Seguiremos participando en el desarrollo del país, pero sin renunciar jamás a nuestro espíritu libertario y combativo. Si una institución puede definirse como revolucionaria por naturaleza es la universidad, donde el individuo desarrolla su capacidad creativa, crítica y prospectiva. Aquí no hay pensamiento único. Confiamos en que las casas de la ciencia sean consideradas finalmente como lo que son por definición: herramientas primarias del Estado, para la prosperidad y el bienestar de la Nación.
Jorge Palencia
Vicerrector Administrativo de LUZ
jpalencia@luz.edu.ve
12 de febrero de 2007