Fantasmas
El ministro de Educación Superior hace de todo para convencer al presidente de que le ahorra millardos al Estado manteniendo a raya y en la mira a las “pillas universidades”. Pura propaganda, pero le ha servido; contra todo pronóstico, Moncada se mantiene en el puesto. Ahora resulta que, según las sensacionalistas cuentas del ministro y su representante en LUZ, en nuestra nómina se les paga sueldo a casi mil fantasmas. Uno no sabe si reír o llorar. ¿Será pura mala intención, ineptitud o es que en verdad, como dicen, la ignorancia es atrevida?
Para seguir dando rienda suelta a su escalada de desprestigio, la última aventura ministerial ha sido aparecerse con una sábana de datos sacados de la Opsu en la que se contrasta lo presupuestado por cada universidad anualmente para el pago de personal, con lo que registran sus nóminas en la ejecución mensual de ese presupuesto. Las cifras no coinciden, obviamente, y es así porque el comportamiento natural de las nóminas lo impide. Cualquiera que administra lo sabe.
La nómina es un cuerpo vivo; se mueve y varía de un mes a otro. En la universidad, si un trabajador fallece, renuncia, es despedido, se suspende por enfermedad, se va de comisión de servicios, pide un permiso remunerado o no, sale de sabático o beca, la nómina cambia. Se suspenden sueldos según el caso o se mantienen, y además se contratan temporalmente sustitutos a los que también hay que pagarles. Esto causa variaciones en la nómina y cargos en apariencia “vacantes”.
Muchas cátedras, por ejemplo, son atendidas por docentes contratados, mientras los concursos para asignar cargos fijos están en tránsito. Esa es gente de carne y hueso, no fantasmas. La universidad les paga por sus servicios, y no están en nómina por razones también obvias: no son personal ordinario.
La lista de ejemplos crece si consideramos beneficios socioeconómicos que pueden variar de un mes a otro. Lo que no se consume por un lado, se usa para atender deficiencias que surgen durante la ejecución del presupuesto, y cubrir además el relevo generacional, pues lo contemplado para el crecimiento vegetativo de nuestra nómina es risible. Se produce siempre lo que se llama una reinyección de recursos, que además es supervisada. La universidad rinde cuentas de cada centavo que administra. ¿Por qué insisten en manipular la información?
LUZ no está en capacidad de prever, con un año de antelación -cuando solicita su presupuesto- cada una de esas variaciones y eventos. En nuestro equipo técnico de presupuesto, nómina y administración, hay puro cuarto bate: Las famosas “4 Marías”, a ellas les sobra experiencia y capacidad de trabajo, pero por desgracia, no son pitonisas, que yo sepa.
Cada universidad tiene su realidad y particularidades. En lugar de generalizar, difamar, denigrar e injuriar, vengan y auditen nuestra nómina. Pregunten, infórmense. Nuestras “Marías” les darían una clase magistral. Pero sabemos que esto vas más allá del deseo de simular eficiencia. Ya se atribuyeron el pago directo de las prestaciones sociales y sus intereses y secuestraron los recursos de la homologación 2004-2005 del próximo año. Con esta nueva embestida se nota la intención de centralizar también la partida regular de sueldos y salarios. ¡Que Dios nos agarre confesados!
Jorge Palencia
Vicerrector Administrativo de LUZ
13 de noviembre de 2006