Con las uñas
Muchos aspectos diferencian a una universidad de un liceo, pero hay uno central: el conocimiento que se imparte en educación media tiene un origen eminentemente externo a la institución, mientras que en la educación superior parte de los contenidos de clase se producen o deberían producirse a lo interno. Idealmente debe ser nuevo conocimiento que emana de las actividades de investigación que desarrollamos.
El laboratorio de un liceo, cuando lo hay, está diseñado para iniciar a sus estudiantes en la comprobación de fenómenos conocidos ya por la ciencia. En una universidad, en cambio, muchos de los laboratorios, además de eso, viven en una búsqueda constante de lo que aún no sabemos, esperando que, al disipar incógnitas, se contribuya a resolver dificultades que aquejan al hombre. El problema es que para lograr ese cometido, hace falta más que las uñas.
La Universidad del Zulia cuenta con casi 300 laboratorios. Lideramos las cifras de integrantes del PPI y somos una de las instituciones con mayor producción científica en el país. Sin embargo, desde esos espacios, nuestros docentes e investigadores, muchos de ellos PPI, son en muy alto número héroes anónimos que trabajan en condiciones verdaderamente adversas, en ambientes deplorables y sin la dotación de los equipos e insumos mínimos. Si a pesar de esas vicisitudes han podido hacer que trascienda nuestra producción científica, ¿cuánto más no harán si mejoramos sus condiciones y recursos de trabajo?
Más de una vez he escuchado a algún investigador nuestro aclarar que sus avances se deben más a su propio empuje que al apoyo institucional. Históricamente en LUZ las necesidades de los laboratorios, por ejemplo, se han atendido de manera puntual y aislada. En este momento nos planteamos una política institucional, integral y sostenida, de rescate y mantenimiento de esos espacios, así como de dotación de reactivos y todo tipo de insumo para su funcionamiento. Con ese objetivo instalamos la semana pasada una comisión de trabajo integrada por representantes decanales de cada facultad que inició ya un profundo diagnóstico sobre la situación actual de nuestros laboratorios, como un primer paso para concretar su urgente recuperación.
Normalmente cuando se habla de comisiones y diagnósticos la conclusión es que el asunto no pasará de allí. Pues sirva este medio para establecer mi compromiso, con el aval de la palabra empeñada y cumplida. Así como el 2007 ha sido el de la consolidación de la infraestructura académica, el 2008 será el año del rescate de los laboratorios, enmarcado en nuestro gran proyecto de la dignificación de espacios.
Tiendo a decir lo que pienso sin mucho filtro. No se me da bien la diplomacia y algunas veces, por eso, hasta termino hiriendo susceptibilidades. No es lo que busco. Me mueve un auténtico espíritu de autocrítica y el deseo de contribuir a resolver problemas que nos atañen. En este caso debo decir, aunque pueda molestar a algunos, que sin buscar mucho, encontraremos universidades que, por como asumen la investigación y la enseñanza, se acercan más a la definición de “liceo”. Haremos todo lo que esté a nuestro alcance para que ése no sea nunca el destino de LUZ.
Jorge Palencia
Vicerrector Administrativo de LUZ
jpalencia@luz.edu.ve
14 de mayo de 2007