Prensa

Ojalá

Opinar en el Foro Imprimir Agrandar texto Reducir texto

Llevados por una euforia, acaso ingenua, recibimos con bombos y platillos el nombramiento del nuevo ministro de educación superior. Después del capítulo Moncada, no podía ser de otra manera. En los últimos dos años, los desacuerdos, la arbitrariedad y la amenaza signaron el trato gubernamental con las universidades. La descalificación, acusaciones injuriosas, el descrédito constante y la incomunicación como política, causaron el mayor caos, incertidumbre y desgaste institucional que se recuerde entre el Estado y la universidad.

Universidades que jamás se negaron a dar cuentas claras al país, fueron vilipendiadas y sometidas al escarnio público de modo brutal. Un show mediático inútil y costosísimo para los venezolanos. Fueron dos años de un ministro dedicado a hacer política y no a combatir y debatir los verdaderos problemas de la universidad, con sus representantes, en escenarios legítimos y pertinentes. La incapacidad de producir un intercambio eficaz llegó al extremo de lesionar condiciones mínimas de administración de nuestras instituciones.

Las universidades como principales centros de investigación del país, deberían ser la piedra angular del Estado para llevar prosperidad y bienestar al pueblo. Sólo la generación de nuevo conocimiento puede asegurar una producción alimentaria propia e independiente, crear tecnologías autónomas y generar recursos financieros, provenientes de fuentes diversas no tradicionales. ¿No es entonces la universidad un catalizador primario de verdadera independencia? Estas casas de ciencia son el ente natural para propiciar y garantizar un sólido desarrollo endógeno. Nuestra obligación, ministro Acuña, es ser aliados en este propósito, no enemigos.

Hemos visto con estupefacción cómo colegas nuestros, una vez ataviados con el flux ministerial, se despojan de su investidura de hombres de academia, para convertirse en una muy ingrata especie de antagonistas de las instituciones donde probablemente pasaron los mejores años de sus vidas. Obviamente, no debe un ministro convertirse en alcahuete, mucho menos en cómplice de las fallas, debilidades o hasta desmanes de las universidades. ¡Dios nos libre de semejante pretensión! Ciertamente hay mucho que revisar y corregir, pero debe imperar el diálogo, la sensatez, el apego a las normas, a los procesos. Las universidades están muy lejos de ser bichas que el gobierno debe linchar.

Creo en el espíritu libertario, confrontador y combativo de la academia, y en esta nueva etapa aspiramos a seguir siendo una universidad que participa en el desarrollo del país a partir de su capacidad formativa, creativa, crítica y propositiva, priorizando la proyección social del conocimiento y preservando su independencia, su propio ethos, valores y principios. Ojalá, la idea de coincidir en esta visión con el nuevo ministro, no sea un acto de ingenuidad.

Jorge Palencia
Vicerrector Administrativo de LUZ
15 de enero de 2007

 
Inicie sesión para dejar su opinión
Correo: Contraseña:
¿Olvidó su contraseña? ¿Aún no se ha registrado? Ingrese aquí
¿Problemas de registro? Consulte la Ayuda

 
Vicerrectorado Administrativo de la Universidad del Zulia

© 2007 Vicerrectorado Administrativo, Universidad del Zulia. Ayuda . Créditos