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Amenaza

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El sábado 14, después de años de espera, finalmente se entregaron los primeros cheques de intereses de prestaciones a jubilados de LUZ. Se dice fácil, pero concretarlo no lo fue. Hace meses, con cheques y finiquitos listos, al último minuto la Opsu ordenó recalcular las cifras con nueva metodología, con nuevo instructivo, nuevo algoritmo y nuevos plazos. Empezamos nuevamente de cero poniendo a prueba no sólo la capacidad de respuesta de nuestro equipo técnico-financiero, sino la paciencia de los beneficiarios. Pero cumplimos.

Suena a cliché y frase hecha, pero en este caso es la pura verdad: para nosotros, cualquier esfuerzo será siempre pequeño si se trata de garantizar y defender los beneficios y reivindicaciones de nuestra gente, de nuestros universitarios. En el caso concreto del personal jubilado, cuyos años de entrega y dedicación a nuestra institución justifican cualquier desvelo, tenemos hoy un especial empeño. Los actuales son momentos de particular amenaza para este sector.

La nueva Ley de Salud anuncia ya cambios estructurales en el régimen de previsión social del que goza nuestro personal. Se proponen también nuevas leyes, o reformas de las vigentes, que pretenden anular o limitar la participación activa de los jubilados en la toma de decisiones en las universidades nacionales.

El jubilado universitario no es el típico empleado retirado. Bien sea por el hecho de que en la mayoría de los casos nos jubilamos muy jóvenes, en la cúspide de nuestra capacidad productiva, o bien por la naturaleza de nuestras actividades que son de índole académica, ligadas siempre al conocimiento y su búsqueda, este personal mantiene, aun luego de su retiro, estrechos vínculos, intereses y actividades de todo tipo dentro de la institución. Esos lazos, como es obvio, distan mucho de ser meramente salariales.

Mucho de nuestro personal jubilado está más activo que nunca. No sólo dentro de las universidades sino en instituciones externas, públicas y privadas, regionales y nacionales. Dentro de la academia encontramos docentes e investigadores eternos que no abandonan sus aulas o laboratorios. Verdaderos bastiones que enaltecen al alma máter. Todos ellos brindando su conocimiento, experiencia, talento y capacidad de trabajo fuera y dentro de la institución, para orientar el rumbo de nuestra sociedad. ¡Menos mal! Qué desperdicio sería ver a un científico reducido a sus pantuflas.

Todos, llegado el momento, pasarán a la categoría de ”jubilado”. Pero las reglas del juego podrían cambiar. La pregunta ahora es: ¿en qué condiciones nos jubilaremos? ¿Que pasará con nuestros ingresos, con nuestra salud, con nuestra posibilidad de ser elegidos y de elegir? ¿Nos permitiremos perder derechos ya adquiridos? Siendo así, ¿es un asunto que debe interesar solamente a quienes ya se jubilaron? TODOS debemos sumarnos a la defensa de los derechos que con mérito y justicia hemos alcanzado.

Debemos prepararnos desde hoy. No es cuento. En un horizonte no tan lejano se vislumbra un puente rodeado de amenazas que demandará nuestras fuerzas. Cruzaremos ese puente cuando lleguemos a él, mejor dicho, si nos vemos obligados a llegar a él. Ojalá la sensatez y la razón lo apuntalen antes; si no, allí nos veremos.

Jorge Palencia
Vicerrector Administrativo de LUZ
16 de julio de 2007

 
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