Transportando montañas
Las desventuras en nuestra Universidad se despliegan en un amplio buffet que incluye, desde eventos recientes como el del diminuto (pero nocivo) grupo de malandros enquistado con impunidad en el recinto, hasta el eterno antagonismo con gobiernos que nos lesionan al pisotear derechos e ignorar leyes. En estos tiempos, además, nos vemos sometidos a la desconfianza cuando se cuestiona por un lado nuestra mística y transparencia como gerentes y por otro nuestra pertinencia e impacto social como institución.
Me atrevería a sostener que de algún modo hemos sido parte del problema. En muchos casos nos ha faltado actuar oportuna y adecuadamente, o lo que es peor, nos hemos puesto frenos al dar por cerradas puertas que ni intentamos tocar. Hoy la disposición es distinta, las tocamos todas, y la mayoría se abren. La prima titular multiplicativa, beneficio salarial disfrutado en casi todas las universidades del país, es un muy buen ejemplo. Lucía inalcanzable para nosotros pese a haber sido una repetida promesa electoral.
Este esperado anhelo, sin embargo, es ya una realidad presupuestaria. A partir de enero 2007, más de 2.300 profesores titulares, jubilados y activos, verán consumado ese viejo clamor. Se consagró el derecho. Para lograrlo no hicimos nada mágico, nada extraordinario; sólo actuamos con creatividad, disposición y voluntad.
Con esa misma voluntad, seguimos librando luchas en medio del desamparo y la escasez, por rescatar una infraestructura atrapada en la indolencia y por revertir, pese a las circunstancias, la indiferencia interna de unos universitarios cuyo supuesto bienestar socioeconómico no es más que un mito proveniente de tiempos pasados muy lejanos ya. De allí el interés por pagar al máximo viejas deudas al personal que forman parte de una millonaria deuda institucional interna, y de otras más recientes como la diferencia de prestaciones sociales a jubilados de 1999, 2000 y 2001, e intereses de prestaciones de 1994. Demostramos así el valor a la palabra empeñada y que la fe es irrenunciable, pero son la disposición y la voluntad las que la hacen operativa.
Hoy, cada vez más, en nuestra Universidad se percibe un despertar general. Vemos crecer el apego, la participación. ¿Puede haber algo más rotundo que la voluntad del colectivo? Allí está la marcha del pasado miércoles, un testimonio invencible de unidad y voluntad. Quién lo diría, la aciaga circunstancia de la inseguridad logró convocarnos en torno a una lucha común por la paz institucional. Nunca antes tuvo más vigencia que ahora la clarividente convicción del maestro Lossada: post nubila phoebus. Después de los nubarrones, siempre saldrá el sol. Siempre tendremos LUZ.
Soy poco dado al uso de citas. Lo considero una salida fácil y un intento por mostrar preludios de una cultura de bolsillo. Aun así, me atrevo hoy a rescatar una frase que se me pegó hace años al leer un texto de Alfred de Vigny: “Es la voluntad la que transporta las montañas”.
Jorge Palencia
Vicerrector Administrativo de LUZ
16 de octubre de 2006