Entre impunidad y apatía
Ver un vehículo de la Universidad circulando sin autorización en manos de unos secuestradores, sonrientes y desafiantes, es la última de las acciones vandálicas que me ha tocado advertir desde que hace dos meses un pequeño grupo armado decidió tomar las instalaciones del transporte estudiantil de LUZ. La impunidad da para todo.
Nadie en la comunidad universitaria podría negar a los estudiantes sus derechos. Desde una revisión de prueba hasta la protesta por el precario estado de los buses, la Universidad está obligada a escuchar y dar respuesta a los problemas que los afectan. Pero para patalear, hace falta legitimidad. ¿Será éste el caso de los estudiantes que tienen asediada, a punta de vandalismo y violencia, nuestro Departamento de Transporte desde hace 60 días? ¿Puede alguien llamarse a sí mismo “estudiante” cuando tiene un récord de cinco materias aprobadas en once años, o cuando es un desertor con un promedio de 0 puntos?
La decisión unánime tomada por el Consejo Universitario (CU) el pasado miércoles de suspender a siete estudiantes involucrados en esta toma, es tan sólo una de las acciones, de las muchas que se tendrán que vendrán para rescatar nuestra gobernabilidad. Esta crisis, como ninguna otra en los últimos años, ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad institucional a la que estamos expuestos.
Votamos esta medida con toda responsabilidad y absoluto apego a la ley, garantizándoles a los tomistas su derecho a defenderse. Llevaremos el proceso con la mayor celeridad hasta tomar la decisión final que corresponda. No se puede considerar estudiantes a personas que lesionan la honorabilidad y el funcionamiento de la institución, que ponen en peligro la integridad física de nuestro personal, y que secuestran y deterioran los bienes, causándole perjuicios a sus compañeros y pérdidas a la universidad. Quien comete delito es un delincuente.
Ahora al CU le toca debatir sobre cómo enfrentar una eventual radicalización de la situación y presionar además para que las fuerzas del orden público intervengan de una vez por todas en la solución de este problema.
Se nos ha dicho que, en períodos electorales, no es “conveniente” para los gobernantes acatar llamados de este tipo. ¿Será posible semejante ignominia? Frenar la acción policial o militar en un caso así es un acto de inconsecuencia tremenda con una universidad que es pilar fundamental del desarrollo intelectual y profesional de la región y el país.
Hemos sido testigos del pronunciamiento de los gremios, y también del abrumador y asombroso silencio de los verdaderos estudiantes. ¿Dónde están los dolientes, los perjudicados, la gente que necesita trasladarse a y desde la Universidad? ¿Será que los autobuses no hacen falta? ¿Podríamos entonces eliminar en LUZ de un porrazo ese servicio y nadie lo lamentaría? La dirigencia estudiantil organizada, y los más de 10 mil estudiantes que usan el transporte, deberían tener mucho que decir. ¿Complicidad, manipulación, miedo, o es cierta tan increíble apatía?
Jorge Palencia
Vicerrector Administrativo de LUZ
18 de septiembre de 2006