Deuda de pasión y afecto
En nuestra Universidad conviven dos tipos de estudiantes: el de los trasnochos y las “pestañas quemadas”, que incluso participa y atiende causas justas, y el que inconsciente de la oportunidad que el Estado le brinda, pierde el tiempo y se lo hace perder a los demás, o peor que eso, termina convertido en instrumento de intereses individuales o coyunturales de algunos grupos políticos. Se ve de todo en la viña del Señor.
En esta casa, depositaria del saber, generadora del conocimiento, seguiremos formando gente con valores, principios y capacidad para actuar. Sin descanso, sin doblegarnos. Y lo haremos inspirados siempre por el ímpetu de quienes asisten a nuestras aulas cada día a reivindicar la verdadera estirpe del estudiante universitario.
Mañana es su día, y en LUZ lo celebramos con inversiones y reivindicaciones que prueban la atención integral que el actual equipo rectoral ha cristalizado durante todo el año 2006: mejor infraestructura y condiciones físicas, dotación de equipos y materiales en aulas y laboratorios, flota nueva de autobuses, comedores refaccionados, residencias más confortables, sistemas automatizados de inscripción y verificación de notas, y hasta la actualización de un reglamento que prevé el aumento de un 20% en sus modalidades de becas.
Hoy, profesores y autoridades no concebimos la idea de un estudiante sumiso, dedicado sólo a calentar pupitres. Nada más contrario al concepto de universidad que abrazamos. Desde que los estudiantes asumieron protagonismo dentro y fuera del recinto, su presencia se ha sentido en generaciones enteras que, a fuerza de sueños y luchas, han conseguido reivindicar derechos y transformar profundamente la institución.
La historia habla por ellos. La Reforma Universitaria que recorrió Latinoamérica, por ejemplo, nació del grito de los estudiantes argentinos de la Universidad Nacional de Córdoba en 1918. Este legítimo reclamo fue la piedra fundacional de un movimiento que inspiró, en nuestro país, la creación de la actual Ley de Universidades.
Esa Reforma consagró principios como la tan preciada –y muchas veces malinterpretada– autonomía universitaria; un arma de doble filo hoy. También, defendió el cogobierno, donde los estudiantes conquistaron su representación en los consejos universitarios y de facultad y asambleas. Promovió el principio de extensión, que obliga a la Universidad a su inserción social, y estableció la libertad de cátedra, el acceso masivo y la gratuidad de la educación superior. Cuántas batallas ganadas, gracias a la injerencia de verdaderos estudiantes.
Hoy, seguimos apostando a un legítimo movimiento, con líderes y participación masiva del alumnado en la vida universitaria. Y que estos estudiantes, con la misma fuerza y empuje, se conviertan en los futuros profesionales que el país necesita.
Estudio, reflexión crítica y aporte a la ciencia: éstas son sus tareas dentro de las aulas. El papel de estudiantes también exige honrar nuestra alma máter, compartir sus logros y defender sus luchas, alegrarse y dolerse por su destino. Ése es el otro rol que les pide esta casa de estudios, como madre nutricia de los saberes que desde ya llevan consigo. Es la deuda de pasión y afecto que se espera de quienes son su objeto de mayor desvelo.
Jorge Palencia
Vicerrector Administrativo de LUZ
20 de noviembre de 2006