Universidades sumisas
He objetado la actual política de educación superior por considerarla irrespetuosa y desconsiderada con las universidades, pero además, por contradecir flagrantemente principios de este gobierno que comparto a plenitud: justicia y equidad. Se nos ha descalificado hasta la saciedad y acusado de “universidades pillas”. Cada vez se ejercen más acciones para secuestrar nuestra autonomía, la financiera, y ahora con mayor fuerza, la académica: quién y cómo se ingresa al sistema es el nuevo blanco. La autonomía se merece y se ejerce, como principio es el ethos de la universidad y en ella se basa su sentido de dignidad y de servicio a la comunidad.
He dicho que la universidad no debe involucrarse en luchas políticas que sólo pretenden desgastarla, desviarla de sus fines, y hacerla presa fácil de sus enemigos, pero la universidad de un país que exige justicia tampoco puede ser pasiva; la universidad de un país independiente, no puede ser sumisa.
Investido por la solemnidad de un reciente acto de grado, me permití hacer referencia a principios fundamentales del liderazgo universitario que estamos obligados a redimir. Allí se inscribe la defensa de los intereses institucionales, lo que en todo caso es, defender los intereses de la sociedad a la que servimos.
Como hijo de la universidad que soy, jamás he creído en posiciones asépticas, acomodaticias o convenientes. Creo en el espíritu libertario, confrontador y combativo de la academia, de allí mi preocupación ante el silencio actual de esa misma academia, el conformismo universitario ante situaciones que vulneran su autonomía y amenazan su estabilidad. Una especie de liderazgo empobrecido que se manifiesta en la respuesta siempre débil y fraccionada a través de la cual se pretende hacer valer derechos irrenunciables.
En nuestra relación con lo político y lo social, lejos de convertirnos en una universidad militante, que subordina lo académico a una misión política y social, eventualmente a un partido o al Estado; o la universidad socialmente prescindente, que rechaza todo compromiso externo de carácter conflictivo en nombre de la independencia académica; aspiramos a ser una universidad académica involucrada, que participa en el desarrollo del país a partir de su capacidad formativa, creativa, crítica y propositiva, priorizando la proyección social del conocimiento y preservando su independencia respecto a lo político-partidario.
Queremos una universidad que se construya diariamente desde la ética, la ciencia y la estética, una universidad con su propio ethos, su particular sistema de valores, sus principios y prioridades; capaz de autogobernarse, autolegislarse y autodeterminarse colectivamente; que base su quehacer en una profunda democratización interna, en la transparencia administrativa y en el fortalecimiento de la autonomía como baluarte. Una universidad capaz de fortalecer sus espacios naturales de organización y participación, y desde allí apostar a un nuevo país del tamaño de sus sueños y anhelos.
Jorge Palencia
Vicerrector Administrativo de LUZ
22 de mayo de 2006