Como vaya viniendo…
Confieso no poder evitar iniciar discusiones y fijar posiciones auténticas, sobre temas punteros que arriesgan el desempeño académico de la universidad. La semana pasada, una vez más asumí, en el seno del Consejo Universitario de LUZ, la defensa de lo que considero el deber ser de la planificación y el manejo previsivo de un presupuesto más que deficitario.
Hace apenas unos días recibimos la asignación de un presupuesto amputado, que además de insuficiente nos confirma lo que parece ser una lenta pero contundente muerte anunciada de nuestra autonomía financiera. Denunciamos con profunda indignación las graves consecuencias, entre más, en desarrollo de infraestructura, ampliación de beneficios y crecimiento académico, precisamente en materia de nuevos ingresos y creación de carreras.
No es hora de ignorar la realidad, más bien de tomar decisiones necesarias. No podemos continuar defendiendo aspiraciones o proyectos individuales sin importar que éstos amenacen la permanencia de la institución. Tristemente, esto es lo que hace la mayoría de los políticos. No debería hacerlo la academia. Éste fue el tema del debate ante la solicitud, sin duda plausible, de crear la Licenciatura en Antropología de la Facultad Experimental de Ciencias.
Con firmeza creo que sólo sobre el trípode de los recursos humanos, físicos y financieros necesarios, se puede apostar con seriedad al verdadero éxito de una iniciativa como ésta. Lo contrario es seguir en la improvisación y el desorden; alimentar el “como vaya viniendo vamos viendo” que tanto ha dañado a la universidad.
Sólo sobre el trípode de los recursos humanos, físicos y financieros necesarios se puede apostar con seriedad al verdadero éxito de una iniciativa como ésta. Lo contrario es seguir en la improvisación y el desorden
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Nuestra Facultad Experimental de Arte es prueba irrefutable de lo que digo. Ha sido una experiencia en extremo traumática, en principio para sus profesores, a quienes muchas veces se les paga haciendo mil malabarismos financieros; y luego para sus estudiantes, que andan errantes en espacios prestados, dispersos y casi siempre inadecuados para su formación. Sin embargo, responsable y sostenidamente, la respaldamos y seguimos apostando a su crecimiento.
No objetamos, de ninguna manera, la pertinencia social del conocimiento que generarían ésta y otras carreras para las que la universidad tiene capacidad intelectual; tampoco la demanda laboral o la garantía de inserción de los futuros profesionales en el mercado de trabajo. Por el contrario, planteamos la necesidad de darles viabilidad administrativa a este tipo de proyectos, muchos de ellos engavetados desde hace años.
Para muchos, la única forma de concretar estas iniciativas es “a golpe y porrazo”. Se parte de que el propio caos en la administración del Estado, ente obligado a proveer los recursos, favorece la improvisación. Materia cada vez más discutible. Si este no es el caso de la Licenciatura de Antropología, sean bienvenidos los nuevos antropólogos. Quién podría oponerse a una oferta académica consistente, blindada y de un impacto social a toda prueba.
Creo en el debate y el CU está obligado a regir con visión y previsión, con profundidad. Sin solidaridades mal entendidas o convenientes. No terminemos dándoles, en bandeja de plata, más argumentos a los verdaderos enemigos de la universidad.
Jorge Palencia
Vicerrector Administrativo de LUZ
22 de octubre de 2007