El famoso bono
Hace unos días me explicaba un amigo, profesor titular jubilado de LUZ, que después de años de experiencia y estudios del más alto nivel, en este momento su sueldo apenas llega a unos mil dólares. Los mismos mil dólares que ganaba en el año 73. Décadas enteras se diluyen como humo por el ojo de una cerradura, dice Nicholson “antes de partir” en una reciente y memorable actuación. Lo mismo le ocurre al sueldo del trabajador en Venezuela y de ello no escapan los universitarios, cuyo supuesto bienestar socioeconómico, no es más que un mito proveniente de tiempos pasados.
Pese a los esfuerzos que se hacen cada año por doblegar al monstruo de mil cabezas que es la inflación, la única y gran verdad es que nuestra capacidad adquisitiva se desploma en caída libre. Es entonces cuando un profesor jubilado universitario con 30, 35 y hasta 40 años de servicio, se ocupa de esa especie de atajo salarial compensatorio gubernamental en que ha derivado el famoso “bono de alimentación”.
“¿Qué se sabe de la cesta ticket de los jubilados?” Semana a semana nos preguntan. Y mientras la lucha de los gremios persiste en todos los escenarios posibles, la respuesta sigue siendo: “nada”. Señores del gobierno: Frente al deterioro de la capacidad adquisitiva, no hay pensión equivalente al 100% del sueldo, ni 90 días de bono que compense, por ejemplo, las facturas mensuales por medicamentos de decenas de profesores jubilados, en su mayoría de edad muy avanzada.
Pese a los esfuerzos que se hacen cada año por doblegar al monstruo de mil cabezas que es la inflación, la única y gran verdad es que nuestra capacidad adquisitiva se desploma en caída libre
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Las distorsiones relacionadas con la jubilación de un profesor aún joven y productivo, son otro asunto. Que algunos terminen siendo empresarios exitosos, ocupen cargos de gobierno o se hayan ganado un Kino, es igualmente otro asunto. No puede ser ésa la vara que mida la condición de una inmensa mayoría para quienes el derecho a este beneficio, tanto como el de la pensión por vejez, se siga debatiendo entre una legalidad discutible y la justicia.
Tampoco es tema que deba ameritar mayor discusión para un gobierno que en efecto se ha mostrado proclive a la defensa de los jubilados y pensionados. Mucho menos en un país donde los sueldos de profesores titulares y hasta doctores -con todo lo que significa llegar allí- pueden terminar siendo miserables, comparados con los de funcionarios públicos de distinta índole que en algunos casos apenas cuentan con educación media. El análisis se agrava cuando vemos a muchos jubilados de la administración pública disfrutando ya de “la cesta ticket”. Eso constituye precedente.
Uno de los indicadores más importantes de desarrollo está asociado al capital intelectual. Los profesores universitarios no sólo son recipientes y portadores de ese capital, sino que ellos transfieren ese haber a la fuerza profesional emergente en cuyas mentes descansa una porción medular del progreso de los pueblos.
Es deber del gobierno nacional reconocer de una vez por todas este derecho. Sus aportes, su condición y sus legados al cultivo de la inteligencia, convierten a nuestros docentes jubilados en importante reserva moral. Por ello hoy ratificamos que siempre será pequeña cualquier acción por retribuir el esfuerzo personal que durante sus años productivos le entregaron a la Universidad y al país.
Jorge Palencia
Vicerrector Administrativo de LUZ
25 de febrero de 2008