María Eugenia Rincón, profesora jubilada de la Facultad de Arquitectura y Diseño
“Mientras la Universidad me llame yo estaré acá enseñando”
Por Grissel Montiel / VAD 15 de abril de 2008
No hubo titubeo. A temprana edad, María Eugenia Rincón reconoció en sí misma habilidades, destrezas y motivaciones ligadas al área artística y al conocimiento del desarrollo de nuestra ciudad. Por ello, cuando se graduó de bachiller a los 16 años, comenzó inmediatamente a estudiar Arquitectura. Era el año 1967.
Su primer año fue traumático, lleno de tropiezos y vicisitudes personales. En aquel momento, su papá la responsabilizó como cabeza de familia, a pesar de ser la tercera de cinco hermanos: “Siempre llevé la batuta entre mis hermanos y soy muy metódica, ordenada, lo que también tiene que ver con el perfil de los arquitectos. Manejo las cosas con mucha cautela y quizás por eso mi papá me escogió para ayudarlo a seguir adelante, asumiendo las riendas del hogar, tras la muerte de mi madre”.
Hoy, sin embargo, no quedan rastros de aquellos tiempos tristes, sólo una mujer feliz de tener una familia que califica de hermosa, y de haber cumplido con lo que realmente le llena: la docencia.
Aprendizaje y experiencia de la mano
Por responder a la petición de su padre, durante toda su carrera trabajó y estudió, afortunadamente, en el área de la Arquitectura. Comenzó laborando como dibujante en la oficina de quienes fueron sus profesores: Germán Ferrer y su esposa, donde se mantuvo los tres primeros años de estudio. Al cuarto año, pasó a trabajar la Caja Popular de Occidente (actualmente desaparecida) como inspectora de obras, en donde trabajó hasta graduarse en 1974.
Casi de inmediato, su experiencia e ingenio la hicieron merecedora de una beca que ofertó la Organización de Estados Americanos (OEA) para formarse durante seis meses en lo que fue una maestría corta en España sobre Planificación y Desarrollo del Turismo. Al regresar a Venezuela, la Facultad de Arquitectura de LUZ convocó a profesionales para que ingresaran como docentes a la Universidad por contrato. Durante un año ése fue su estatus, hasta que ganó un concurso por oposición.
Desde que se inició en la docencia, Rincón se dedicó a atender a los estudiantes del primer año de Arquitectura. Dictaba lo que en el pasado se denominaban los Talleres Integrales, materias que introducían al estudiante en la carrera. Se especializó como profesora del área, “y desde entonces, hace 30 años, he estado dedicada a orientar, capacitar y afianzar al alumno nuevo”, dice orgullosa de su trabajo.
Actualmente se encuentra jubilada, pero la facultad la volvió a llamar para que se encargara, como antes, del estudiantado nuevo. Los ingresos superan los 300 alumnos y no hay tantos profesores para atenderlos. “Esa es mi pasión, el alumno que entra y al que uno tiene la oportunidad de dar todas las herramientas para que comience la carrera”.
Al asomarle la posibilidad de que su pasión por el primer año de ingreso tuviera que ver con lo duro y traumático que para ella fueron sus primeros meses de estudio, exclamó con sorpresa: “¡Es muy posible! Recuerda que pasé por problemas personales y que me convertí, en apenas días, en otra persona. Mi madre murió en un accidente y no fue fácil aceptarlo. Eso, aunado a la desorientación inicial que truncó mis comienzos, tal vez haya influido en mi necesidad de proteger a los estudiantes que recién empiezan”.
Proyecto Maracaibo Mía, legado al entorno
Por otra parte, y de manera extracurricular, ha coordinado el programa Maracaibo Mía, iniciativa de la profesora Maruja Machado (otro de nuestros Rostros de LUZ). Dirigido a niños de las escuelas de la etapa básica (niños de 9, 10 y 11 años), Maracaibo Mía enseña a los infantes a querer a la ciudad, a despertar su amor por la historia, el sentido de pertenencia y las ganas de cuidar su localidad.
Con alegría expresa: “Son 14 años inyectándoles amor por la ciudad a niños de distintas escuelas que nos solicitan la aplicación del programa. Es un proyecto bellísimo y consolidado –sonríe–. Al menos tres escuelas se benefician por año escolar, vamos allá y durante una semana tenemos actividades recreativas, educativas y culturales, a través de las cuales los niños aprenden sobre Maracaibo y la hacen suya”.
Faceta administrativa
En LUZ, los profesores que terminan amando profundamente a la institución, por lo general, tienden a dedicar una porción de su tiempo a la parte administrativa. Rincón no es la excepción: desde 1984 hasta 1990, consecutivamente, fue dos veces Secretaria Docente de la Escuela de Arquitectura, llegó a ser Directora encargada de la Escuela y durante 11 años coordinó todas las actividades relacionadas con el primer año de estudios.
Su posición crítica ante la Universidad parte principalmente de lo administrativo: “Debemos trabajar en equipo. No se puede atender lo administrativo por un lado y lo académico por el otro; tenemos que unirnos para convertir a LUZ en la mejor universidad del país”.
De acuerdo con la profesora, fusionar esfuerzos administrativos, académicos y secretariales para viabilizar los procesos, haría de LUZ una institución mucho más consolidada, en donde la preocupación se pueda dirigir más a involucrar y comprometer al estudiante.
“Hace falta el compromiso del estudiante, y éste debe ser un compromiso con él mismo primero en cuanto al cumplimiento de sus deberes. No es ir al aula porque el profesor pasa lista y quita puntos por inasistencia, el alumno debe llegar al aula con una disposición a aprender y a participar”.
De toda su labor universitaria, los años en los que fue docente y personal administrativo a la vez, fueron los años en los que, según ella, más aprendió desde el punto de vista de los métodos, del trato con la gente, de los procesos y de quienes estaban por encima jerárquicamente.
Investigación autodirigida
Sus primeras participaciones como investigadora surgieron en el seno de Maracaibo Mía. Ha indagado sobre la historia de la ciudad y sobre cómo abordar el tema para enseñar a los niños; sin embargo, no de manera independiente.
La profesora Rincón ha hecho lo que ha estado en sus manos para satisfacer sus objetivos como investigadora, incluyendo la instauración de estudios formales en paisajismo, área poco explorada en el Zulia: “Desde la Secretaría Docente intenté crear lazos y convenios con la Universidad Central de Venezuela (UCV), donde sí hay maestría en el área de paisajismo, para que trajeran los estudios a LUZ, pero los esfuerzos fueron en vano”.
Para ese entonces, Rincón ya tenía familia y estabilidad en Maracaibo, por lo que no podía trasladarse a estudiar a Caracas. Por ello, prefirió autodirigir sus proyectos de investigación sobre el paisajismo, la fisonomía y anatomía de las plantas y, producto de esas investigaciones, creó en la Facultad Experimental de Ciencias y en la de Humanidades y Educación la materia de botánica (su programa y contenido).
“Las fallas vienen de la educación media”
Según su percepción, se ha ganado el cariño de sus estudiantes, quienes la aprecian a pesar de tener fama de ser disciplinada y “fuerte”.
Trabajar con los alumnos que recién ingresan a la institución le ha dado la oportunidad de ver en ellos las fallas que arrastran de la educación media y diversificada: “A veces me ha tocado devolverme a conocimientos de matemática o geometría, ecuación, artística o historia universal para preparar a los estudiantes y poder avanzar en nuestros contenidos”.
Por esa razón discrepa de la decisión de eliminar las pruebas internas. “Hay que hacer más énfasis en las pruebas de conocimiento, aptitud y vocación, antes de entrar a la universidad, y el Estado debe ofrecer esas herramientas. Fíjate por ejemplo que Arquitectura es una facultad pequeña y enfrentamos el problema de que muchos se inscriben aquí para usarla de trampolín”, explica.
“Antes se ofrecía un abanico de posibilidades para medir las aptitudes y destrezas en casi todas las áreas del conocimiento; desde el mismo liceo se tocaban las artes en muchos niveles, las materias deportivas, la educación para el trabajo, el lenguaje, la matemática, distintas opciones que cada vez se han limitado más, lo que repercute en la inseguridad y mala elección de los estudiantes que aspiran a ingresar a la educación superior”.
Vocación docente
Las fallas, aunque generales, no han erosionado la vocación docente de María Eugenia Rincón: “Menos mal que en 30 años de carrera nunca me han faltado estudiantes con quienes logro un verdadero feedback ¬–relaja su rostro y sonríe– estudiantes que se aplican, que responden como espero, que me dan la satisfacción de ser docente… Por eso es que mientras la Universidad me llame yo estaré acá enseñando. No me quiero quedar en mi casa”, concluye entre risas.
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