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Jorge Palencia, vicerrector administrativo de LUZ

“Estamos dedicados a la defensa de LUZ y su gente”

Merlyn Lossada/ VAD 11 de junio de 2007

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La conversación se llevó a cabo por etapas, en capítulos. Con gente entrando y saliendo del despacho, o pendientes de las preguntas y respuestas que saltan detrás de él mientras procuramos seguirle el ritmo en un pasillo.

–Nada menos íntimo y privado que una entrevista con usted, Vice, ¿no le parece?

Ya montados en el carro, las interrupciones vienen de Joel y su pregunta eterna: “Ajá profe, ¿ahora pa’ dónde?”. Y los escenarios cambian rápidamente con cada orden. Un Palencia sonriente finalmente responde: “Sí chico. ¡Qué pena! Es que siempre andamos full”. Apenado no parece.

–Vimos hace poco en una alocución presidencial un cartel enorme que decía: “Universidades autónomas rumbo al socialismo”. ¿Qué opinión le merece ese rumbo?

–Todo el mundo sabe lo feroz que he sido a la hora de defender, públicamente y de oficio, nuestros derechos frente a las arbitrariedades de personas como el ex ministro Moncada, por ejemplo. En casos como ése seré siempre el primero en salir a proteger a los universitarios y sus intereses. Estamos dedicados a eso.

Sin embargo, aunque no faltará quien me llame ingenuo, le doy el beneficio de la duda a los escenarios por venir. Con el ministro Luis Acuña hemos visto avances tangibles en varias materias, en pasivos laborales por ejemplo, o la promulgación de la Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación (Locti). Soy optimista, creo que podemos serlo. Además, todos conocen al gran universitario que es Antonio Castejón, profesor jubilado de LUZ, hoy director de la Opsu. Él constituye un canal permamentemente abierto de comunicación. Es un docente de comprobado y hondo apego institucional. Por eso confiamos.

–¿No le parece que hay mucho que no depende de ellos? Ya lo vimos con el pago de los intereses de prestaciones sociales. Y como complemento, por allí viene ya la nueva Ley de Universidades.

–No puedo negar que es algo que me preocupa. Sobre todo la unilateralidad de las propuestas. He asumido posiciones públicas al respecto. En la conformación de una Ley de Educación Superior, las universidades deben estar llamadas a participar. La ley debe realzar al sector, debe ser un aporte, no una camisa de fuerza. Estamos muy pendientes de eso.

–Usted, como el resto de las autoridades, es jubilado. Se prevé que la nueva ley los inhabilite electoralmente. ¿No teme que eso lo deje como “la guayabera”, en su aspiración de ser el rector de LUZ?

Nos estacionábamos en la tercera facultad de esa mañana. Todos en el carro voltearon para ver la reacción de Palencia a la pregunta. Él, muy jocosamente alcanzó a decir: “¿No estás como que demasiado seguro de mi aspiración?”.

–Bueno, la aspiración de las autoridades de turno es siempre segura; con excepción del Rector, que no puede repetir. A usted no lo veo aspirando a la Secretaría y el Viceacadémico ya es de Judith…

–¡Muchacho! –carcajadas de todos– Son tus palabras, no las mías. Respecto al comportamiento de las autoridades de turno tienes razón, pero lo de las postulaciones me parece apresurado para el momento. Cruzaremos ese puente a llegar a él y además, en efecto, está el asunto de la ley. Aunque la verdad, el aspecto que menos me preocupa de ella es que pueda limitar una aspiración electoral particular. El único asunto personal que me ocupa de mi paso por la universidad como autoridad lo tengo resuelto. Quiero dejar una huella clara en los universitarios mejorando su calidad de vida, sus ambientes y la infraestructura de LUZ, y todo pulcra y honestamente. Ése sería un legado digno para mis colegas y mi familia. Me interesa también remover conciencias y despertar un mayor apego por esta casa. En todo eso hemos hecho ya una diferencia tangible, ¡y eso que aún no terminamos!

La nueva ley, seguramente, nos llevará a permanecer más tiempo como personal activo en las universidades, cosa que no es mala si vemos lo productiva que aún es nuestra gente al momento de retirarse. A los que ya se jubilaron, no les podemos cercenar su posibilidad de aporte. Sería un imperdonable desperdicio de talento.

La jubilación no es y no debe ser un pasaporte al exilio universitario. Los jubilados de LUZ, en su inmensa mayoría, son reserva moral y prestigio institucional. Pueden y deben aportar y decidir. ¡Dios nos libre de ser eunucos institucionales!

–Usted habla de calidad de vida, y defiende a los jubilados pero no vemos que nada se concreta en materias como la inclusión de ese sector en las pensiones del IVSS, o el bono de alimentación, o el reconocimiento de los antiguos doctores de pregrado…

–No creo que deba recordarte lo que tú mismo acabas de apuntar: Yo también soy jubilado y por consiguientes esos asuntos me ocupan hasta en lo personal. Mi posición respecto al bono de alimentación ha sido drástica: Todo el que come, tiene derecho a eso. Hemos visto como distintas instancias de gobierno otorgan ese beneficio al personal jubilado, entonces por qué no a las universidades. La inclusión de nuestro personal al Seguro Social se previó como una posibilidad a partir de los mismos planteamientos hechos por la Caja Regional y de las acciones emprendidas por los gremios. Son luchas que siempre apoyaremos, pero la legalidad ha venido dictando otra cosa. Y en cuanto a los 88 doctores del pregrado –79 de ellos jubilados por cierto, a quienes la institución les debe mucho– estamos en plena batalla con la Opsu. Ése es un asunto de justicia y un derecho inalienable de profesores tan doctores como el resto.

Ya en otro round de la entrevista, en un recinto más aislado y tranquilo:

–Profesor, se ha dicho que usted está de acuerdo con la masificación de la educación superior, cosa que la gran mayoría señala como algo negativo.

–Con la masificación no. Déjame explicar. El Estado tiene en este momento como política ampliar la oferta en educación superior y abrir un amplio número de nuevas universidades, se han eliminado pruebas en sintonía con medidas que buscan ampliar el ingreso estudiantil. Hablan de inclusión. Bueno, hay diversas posturas al respecto. A mí me interesa un aspecto colateral del proceso al que no se le está prestando atención. Cuando éramos niños, al jugar, se usaba la palabra “carambola” para describir el momento en el que, sin querer, golpeábamos dos metras con la nuestra y las ganábamos. La ampliación de la oferta universitaria por parte del Estado podría tener algunos problemas si no se procura calidad, pero si se atiende ese aspecto producirá unos beneficios directos y otros por “carambola”.

Ya ha pasado antes: el surgimiento de la llamada sociedad de la información o era del conocimiento no arrancó por decreto sino por “carambola”. El gobierno norteamericano masificó la educación superior pagando estudios universitarios a todo excombatiente después de la Segunda Guerra Mundial y eso tuvo un efecto gigantesco e imprevisto: mayor cantidad de gente en las universidades, mayor producción de nuevo conocimiento, desarrollo consecuente de nuevas tecnologías que cambiaron la economía y la sociedad en general. Esta política del Estado, perfectamente podría tener, como en aquel caso, efectos positivos que aún no alcanzamos a ver. Claro –y repito– si se vela por la calidad. Si no, será puro proselitismo y más burocracia clientelar. Cuando digo que soy optimista, tengo argumentos, no es pura ingenuidad. Un buen indicador de los cambios pasa por la promulgación de la Locti, que es un mecanismo sustancial de financiamiento de la investigación y es el único paso concreto que alguna administración nacional ha dado para ir más allá de las palabras en lo relacionado con el desarrollo endógeno y el papel que en él tiene la generación de ciencia y tecnología. Sin mezquindades tenemos que reconocer esto como positivo. ¿Eso es socialismo? No sé. Solo sé que eso es lo que han hechos todas las naciones que hoy llamamos desarrolladas.

–¿No ve extraviada o amenazada a la universidad venezolana?

–Extraviada no. Al menos no como generalidad. Amenazada siempre. Somos la cuna del saber y la reflexión. La ciencia y la conciencia siempre han sido peligrosas para la gente de corta visión. Y siempre lo serán.

Lea más sobre estos temas en la edición especial de Transparencia, dedicada al personal jubilado de LUZ

 
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