VAD 05 de noviembre de 2007
En la memoria colectiva universitaria, un baño era considerado como un “antro” al que sólo recurríamos, con la nariz tapada, cuando no “aguantábamos” más. Y a riesgo propio.
En esta imagen, para nuestro alivio, los baños muestran otra cara. Nuevos y relucientes. Un esfuerzo que desde el Vicerrectorado Administrativo hemos hecho de manera paulatina, en alianza con decanos de facultades y núcleos. Una inversión de 300 millones que nos ha permitido, en cada espacio, sustituir piezas sanitarias, cerámicas de paredes y pisos, cambiar puertas y echar una mano de pintura.
El deterioro de los baños no era ninguna nimiedad. ¿Quién podía ignorar este calvario? Lo escuchábamos día a día en boca de profesores, estudiantes y empleados.
Nos anima, sabiendo que es contagioso, mostrar con hechos que la voluntad y la planificación vencen la desidia y la improvisación. Llamar la atención sobre aquellas obras que debemos cuidar. Se las entregamos como tacita de plata. Ahora toca a ustedes preservarlas. Tenemos espacios dignos de universitarios.