Johandry Hernández VAD 05 de noviembre de 2007
Sobre la cancelación y montos de los pagos en la Universidad gira la más controvertida concepción: es una fábrica de rumores. El pago de prestaciones sociales tiene los más pintorescos matices: que si el monto resulta de multiplicar el sueldo por ocho, que si más bien es la edad multiplicada por los años de servicio, que si el sueldo multiplicado por los años de difunto de Jesús Enrique Lossada.
En un afán por derrotar esos mitos y retar a los detractores de la administración universitaria, el jefe de prestaciones sociales del Departamento de Nómina de LUZ, Edwin Pérez, ha dispuesto toda una artillería contra la desinformación. Atiende de forma personalizada los días miércoles a todo el personal que tenga dudas sobre sus pagos y responde las innumerables solicitudes hechas por la gente a través de la página web del Vicerrectorado Administrativo.
El desempeño de este amable trabajador está respaldado por una trayectoria de solvencia profesional, técnica y ética, abultada por su alta disposición de servicio. “Mi función, además de administrador y contador, es adelantar una labor pedagógica. Le aclaro a la gente que hay muchos conceptos de pago en la Universidad y que el monto depende de una dinámica particular”, expresa.
Sin embargo, el Departamento de Nómina durante muchos años estuvo signado por el fantasma de la intriga y la especulación, ante el hermetismo con que se manejaba la información de interés colectivo.
Ése fue el punto de partida de nuestra conversación con Edwin Pérez:
Siempre ha habido críticas sobre la forma en que funciona el Departamento de Nómina, sobre la imposibilidad de proporcionar información oportuna a la gente.
—Eso fue en una época, ya no nos da miedo dar información, ya que se ha incorporado una orientación hacia la apertura. Nos interesa que la gente conozca sus montos, sus situaciones. Desde el Departamento de Nómina se adelanta una labor social y pedagógica y tiene hoy gran capacidad tecnológica y profesional. Yo destaco su recurso humano capacitado, con mucha entrega, siempre dispuesto a colaborar. Hemos derrumbado esos viejos paradigmas sobre pagos en los que todo era ultra secreto siendo en extremo cuidadosos, para evitar proporcionar información falsa.
Sin embargo, pudiera criticársele a esta dependencia sus problemas de sistematización de información. Por ejemplo, cada vez que tramitan un nuevo pago comienzan de cero, con métodos ortodoxos…
—Hay muchas cosas por mejorar. Pero desde 1992 tenemos el Sistema Integrado de Información Administrativa (Sidial), que vino a sistematizar los procesos financieros; las operaciones son un poco más fluidas. Aún quedan bastantes procesos manuales que se van cambiando poco a poco, pero a veces la dinámica del trabajo en Nómina impide que la sistematización avance tan rápido como quisiéramos. Tenemos unos planes con la gente de Computación para digitalizar documentos y acelerar los procesos. Además, tenemos que lidiar con normas rigurosas impuestas desde la Oficina de Planificación del Sector Universitario (Opsu) que nos impiden avanzar. Hay que tomar en cuenta que existen innumerables casos particulares, casos de doble ubicación, que si es empleado o profesor, ascensos otorgados en diferentes épocas y todo eso se toma en cuenta cada vez que se hace un cálculo de este tipo y a eso se le suma el hecho de que sacamos unas carpetas con un montón de hojas viejas. Por ejemplo, para los procesos de pagos de prestaciones tuvimos que calcular sueldos desde el año 1965. Hay casos en que una revisión de un expediente demora días.
Alega usted que desde el gobierno se han implementado rigurosas medidas para fiscalizar la dinámica de los procesos administrativos. ¿Qué piensa de esos mecanismos?
—Estoy de acuerdo con que el órgano administrativo central, en este caso Opsu, sea un ente de control. Sin embargo, ha habido exceso de órdenes, instructivos y normativas que yo percibo como una intención de quitarle autonomía administrativa a la Universidad. Han estado condicionando los diferentes pagos a exigencias restrictivas. Una cosa es entregar dinero y pedir rendición de cuentas (con lo que estamos de acuerdo), pero en este caso tiene que ser con el programa que ellos digan, con las normas que ellos digan, sin tomar en cuenta aspectos particulares internos de cada universidad. Difiero con el ente central; han reforzado más esos controles.
¿Han manifestado ese malestar ante la Opsu? ¿Qué respuestas han recibido?
—Hemos hecho algunas observaciones para hacer prevalecer asuntos internos, como la fórmula Apuz-LUZ y hemos alegado que no se pueden tratar igual a todas las universidades, como si fuéramos un gran paquete. En algunas oportunidades, han sido tajantes y dicen que las cosas son como ellos dicen y punto. Pero con el cambio de autoridades en la Opsu, estas posturas han cambiado y han tomado en cuenta algunas consideraciones sobre nuestra universidad.
¿Establece usted un antes y un después en las relaciones entre LUZ y la Opsu, a partir del nombramiento del profesor Castejón?
—Sí, el profesor Castejón ha logrado una mejor comunicación, eso se nota con la oportuna asignación de los recursos, gracias a nuestro estricto cumplimiento de sus normas. Incluso con el Ministerio de Educación Superior las relaciones son más fluidas.
¿Qué opina de la iniciativa del Vicerrectorado Administrativo de incorporar el Sidial en su página web? ¿Ha contribuido en algo?
—Ha sido estupenda. Soy partidario de que la gente tiene derecho a conocer su situación sobre pagos, porque cada trabajador es dueño de lo que le corresponde. La información no se debe esconder, al contrario, eso nos da mayor credibilidad y transparencia en nuestros procesos. Gracias a esta iniciativa, la gente ha podido conocer oportunamente sus detalles de pago y esto ha hecho el trabajo más eficiente y nos recuerda que nosotros trabajamos para la gente.
Si tuviera que plantear un cambio a las estructuras del Departamento de Nóminas, ¿cuál sería su propuesta?
—La licenciada María Silva, coordinadora administrativa del Departamento de Nómina y mujer de amplitud, nos ha dado libertad de incorporar ciertos cambios en el manejo de la dependencia. Recientemente se hizo una segmentación por áreas para que el proceso de pagos fuera más diligente y mejorara la eficacia. Hay unos proyectos de avance de sistematización que nos ayudarían mucho. Pero es un proceso muy costoso. Estamos también adelantando la creación de redes de computación en todo el departamento para poder imprimir y tener la información en línea disponible para todos los analistas. Necesitamos más espacio, hay mucho hacinamiento, sobre todo ahora cuando nos visita muchísima gente.
Ánimo de superación
Edwin Pérez ha dado pasos importantes por desmontar la fábrica de rumores. Pero está consciente de que tendrá que luchar con ella hasta una fecha tan impredecible como el tiempo que pasa junto a su familia: “Les robo tiempo” –admite– “y les pido perdón por eso”.
Afortunadamente, sus hijas son condescendientes: “Papi, eres famoso, en todas partes todo el mundo te conoce”. No es para menos, pues a Edwin Pérez se le puede ver, incluso, en los supermercados atendiendo a los empleados angustiados. Esa vocación de servicio está sustentada por un ánimo de superación permanente:
“Los trabajadores de la Universidad somos hoy más conscientes de que debemos hacer nuestro trabajo con profesionalismo. El horizonte debe ser la Universidad, para hacerla mejor, más humana. Es la única manera de saldar nuestras deudas. Es nuestro compromiso”, confiesa con tono optimista.