11 de junio de 2007
 Godsuno Chela-Flores, profesor jubilado y orgullo de LUZ.
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En al menos tres escenarios se distinguen las enormes contribuciones entregadas al país por los docentes universitarios jubilados: el sector público, la empresa privada y el propio seno universitario.
Ministros, viceministros, diputados, embajadores y hasta cancilleres han salido de dar clases en nuestras aulas para ejercer cargos de conducción nacional; la banca, la industria, organismos consultores, y la más variada representación de empresas y organizaciones privadas han encontrado en nuestros docentes jubilados conocimiento, experiencia, talento y capacidad de trabajo para orientar el rumbo del sector productivo venezolano. Sólo sus nombres desbordarían este espacio.
Un sinnúmero de esos docentes, grandes formadores de generaciones enteras, son también quienes hoy ocupan altos cargos y responsabilidades de gobierno en las regiones. Muchos otros se han dedicado a conducir los destinos de nuestros centros de educación superior: autoridades rectorales, coordinadores de despacho, directores de dependencias y asesores día a día hacen posible el gobierno universitario. No hacen falta estadísticas. Y también se cuentan los docentes e investigadores eternos. Los que no abandonan las aulas, mucho menos los centros de investigación. Auténticos bastiones que hacen noble y fuerte como el roble a la academia.
Godsuno Chela Flores, lingüista experto en fonología y morfología del más elevado prestigio internacional, doctor honoris causa de LUZ y miembro del Programa de Promoción del Investigador (PPI), categoría IV, por cuarto año consecutivo, es apenas una muestra del ejemplo y la valía institucional que recorren 115 años de historia en LUZ. Su imagen ha sido prestada a esta página, como un tributo al legado de las decenas de profesores jubilados que, como él, son reserva moral ya no sólo de la academia, sino del país.