03 de julio de 2007
La indolencia tiene mil caras. La peor de ellas es la de quien se cree valiente al atentar contra el patrimonio colectivo, pero tapa cobardemente su rostro luego de la gracia. Tira la piedra y esconde la mano.
Y creerá que se la está comiendo. Pero ninguno de los 70 mil universitarios que hacen vida en LUZ lo aplauden. Sienten, más bien, pena ajena. Ante ellos, el abusador queda más rayado que este aviso vial.
Iniciamos esta gestión bajo la premisa de recuperar espacios, rescatar la planta física, ofrecer ambientes adecuados para la vida académica y devolver el rostro digno a nuestra institución centenaria.
El cambio empieza a notarse, pero el trabajo no acaba aquí. Urge, hoy más que nunca, velar por aquello que tanto nos ha costado recuperar. ¡Protege! ¡Vigila! Es deber de todos ser guardianes y custodios de esta obra maestra: la Universidad.